Tengo una casa vacía: un cuarto propio. El limbo ya no es tan limbo y el espacio que habito se vuelve infinito. No tengo sillas pero el piso me sostiene. Me acuesto con la panza desnuda en la madera fría, siento el sol calentándome la espalda y con la mano ya cansada escribo en la primera hoja del último cuaderno que me regalaron: la nostalgia tiene olor a café y está finita mi alma. Todo lo que toco se convierte en poema y los días se hacen más largos y me empujo a mí misma a un pecho medio abierto que todavía un poco sangra aunque yo sangre no veo. La memoria no justifica ningún llanto y me acerco y me alejo sin un plan y mis dedos son como gusanos que revuelven mis entrañas mientras todo lo que toco se convierte en vos y yo y ayer y nunca más

Un puñal atraviesa mi garganta, hay un túnel entre mi nuca y mi cuello y como con un telescopio puedo ver lo que pasa entre mi pecho y el tuyo. Camilo me dice que pare, que no hace falta el suplicio, que no me aferre al pasado y que tome más agua. Ayer vio morir a su abuelo por videollamada y yo apenas pude abrazarlo cuando ya era muy tarde. Vivir lejos tiene eso: nunca estás del todo en ningún lado.
Pienso en las despedidas que no son, en los abrazos que debo y los que no van a llegar nunca. ¿Cómo se envuelve lo que parecía eterno en un nunca más? Guardo todos los recuerdos que nos dimos. Mientras pongo la pasta en mi cepillo percibo que estás en todos lado y no hay sentido que no te evoque. Wir sind überall ein bisschen aber nirgends wirklich ganz.

Soñé que llegaba tarde, caminaba rápido y miraba el reloj cada cinco pasos, la gente a mi alrededor se movía raro, como en cámara lenta, y yo corría y los semáforos siempre estaban en rojo. No sé a dónde llegaba tarde, ni quién me esperaba, ni si quería llegar a donde sea que estaba yendo.
Hace tres meses me salteé un jetlag, contra todo pronóstico después de dos días sin dormir mi cuerpo decidió dormir cada noche entre las 12 y las 8. Entre la angustia y la debilidad, dormir bien me hacía sentir fuerte. Al abrir los ojos miraba el reloj con orgullo y pensaba, otra vez descansé, otra vez no soñé que me moría o que un asteroide explotaba la tierra o que de repente y sin aviso todos los que amé ya no me amaban.
Puede ser que ahora sea el sol que ya acercándose el verano brilla en mi ventana desde demasiado temprano y me despierto y me vuelvo a dormir y entonces sí sueño cosas raras como que estoy distraída y sin querer fumo del porro que gira en una ronda de extraños y miro mis manos y me quiero arrancar los pelos del brazo y me pregunto ¿cómo puede ser que los pelos del brazo solo crecen hasta donde crecen? Y antes de que nadie me responda vomito en mi boca y corro por el pasillo buscando el baño pero no hay tal baño y ahí no sé qué pasa pero tengo ganas de comer miel y abro un frasco y meto dos dedos y pienso ¿cuándo fue la última vez que me lavé las manos? Me chupo los dedos y quiero que todo el mundo se vaya de mi casa pero no sé quiénes son ni qué hacen en mi balcón ni por qué hablan tan fuerte, bajen la voz, les pido y siento la urgencia de regar la planta que no riego hace 8 días.
Miro hacia abajo y no es suelo, es abismo y yo floto en el aire y otra vez en sueños aparece la palabra limbo. Limbo mi rutina, limbo tu presencia.
Limbo. Ausencia. No estás vos y yo tampoco. La distancia, que es el tiempo entre un abrazo y el siguiente, ya no existe.
Encontré un refugio en el lugar del que alguna vez necesité huir, me fui porque necesitaba estar lejos y volví cuando necesité estar cerca, adentro: hogar, caparazón y asilo.
Lleva tu nombre esta herida y otros nombres la anestesia. Esta vez no sé quién sos ni por qué no estás conmigo.

Hace 3 años dejé en un sótano de esta ciudad 8 cajas que adentro tienen 7 años de mi vida. Acá llené mil cuadernos, leí mil libros y escribí mil cartas. Amé por primera vez y amé para siempre. Conocí amigos para toda vida y descubrí lo que es tener el corazón roto. Esta ciudad fue mi casa y de algún modo lo sigue siendo. No quería volver y de repente cuando el mundo empezó a desarmarse sentí la necesidad del refugio, y aunque en este tiempo, en este caos, nada tenga mucho sentido, aunque casi no salgo de este apartamento, se siente bien saber qué es lo que hay afuera. Sólo estoy de pasada y eso tampoco lo sabía, pero ahora lo sé y me alegra. La peor parte no es estar sola, sino no saber hasta cuándo.

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Siento
las manos atadas
como si una piola apretara mis muñecas
como si apretara tanto que de a poco
voy sintiendo el frío
y no llega
la sangre
ni el sentido
y mi cuerpo no entiende
cómo es que se vive
sin usar
mis manos
y mis dedos
si estoy viva
o estoy muerta
si respiro
cómo puede ser
que respire y no pueda
mover
cada una de mis partes
sentir
el contorno de tus dedos
gritar
lo que callo en este encierro

Ahora que estoy sola, en una casa llena de plantas y vacía de todos, que convivo conmigo y mi silencio, de repente escucho música porque ese silencio aturde, ahora que como nunca antes me enfrento a mí misma y a un torbellino de sensaciones que antes eran ajenas, de mi yo del futuro, de otra, acá estoy, este es el futuro y yo, parece, soy la misma algo distinta.
Del aeropuerto directo al limbo que es este estar pero no estar, ser pero no ser. ¿Se le puede llamar volver a este estado tan absurdo de ir del living a la cama y de la cama al super?
Hoy me picó la espalda y mientras con la punta recién sacada de un lápiz intentaba llegar a donde si no no llego, me rasqué hasta lastimarme, hice fuerza y me di cuenta, la picazón ya pasó pero esto es estar sola.
No reniego, sin embargo, y agradezco la ocasión, para mirarme al espejo un rato y aprender a conocerme. En cada despedida empiezo un poco de nuevo y ya perdí la cuenta de las veces que abracé por última vez. Y así intento, como puedo, sacar belleza del caos.

La casa vacía ya no vibra
adentro seco
afuera muerto. 
Muevo mi pie
más rápido
más lento
busco el ritmo que simula tu presencia.

Digo lo no dicho
hago lo no hecho.
Sin hablarte pienso 
vamos, juntemos de nuevo los restos
revivimos una vez
reviviremos de nuevo.

Quiero otro gato tal vez algún día
una casa y un buzón
un sótano lleno de porquerías
libros viejos
humedad en las paredes
preocuparme por las ratas que se coman mi comida. 
Y esperarte en la puerta cuando llegues
hacer todo lo que no hicimos
compartir la ducha alguna vez
doblar tu ropa
regar tus plantas
arañar tu espalda hasta que sangre
babear tu pecho y bajar la guardia.


Estoy cansada y con miedo
abro los ojos en medio de la noche
todo esta oscuro
y vos
tan lejos
y yo
abro los ojos y pienso
cuándo fue que elegí 
la vida equivocada
cuándo fue que elegí
el desahucio del olvido
fui tuya y te quise mío
vi la pena salir por tus ojos
verdes
azules
tristes
vi tus manos apretarse
heridas supurando 
angustia
desazón 
olvido.

Cuánto tiempo puede alguien 
estar
dentro de la casa
dentro de la cama
conservando la cordura
mientras la soledad quema
y no purgan
ni el tiempo
ni la distancia
ni la sensatez de entender
que no hay ganas
ni deseo
ni apetito por tu piel
que permitan un reencuentro.

Berlín carga ahora tu ausencia
y yo el infortunio de la huida. 
Fuimos uno para siempre
y no somos uno hoy.

Arrastro la silla frente al espejo
me miro fijo un rato
y seria
como si no estuviera
parada en una silla
frente a un espejo
lleno mis pulmones de aire 
abro la boca y digo
voy a estar bien
vas a estar bien.
Me creo, no sé
que parada algo más alto
el discurso cobra sentido
lo repito 
subo el volumen
me miro fijo e intento en mis ojos ver tus ojos
y te digo
vas a estar bien
mi amor
estamos vivos.

Solo quiero dejar mi propia huella de la vez que todo se nos fue de las manos.
Qué forma tan rara de irme y tanto más de volver.
Pasé:
días sin comer,
noches sin dormir.
Lloré hasta que una creería se acaban las lágrimas pero las lágrimas no se acabaron.
Perdí la memoria, olvidé quién soy, quién fui, quiénes fuimos, y quise hacer una línea entre lo que es real y lo otro.
Cuatro veces dejé de respirar, sentí como el corazón se iba muriendo de a poco, los latidos demasiado fuertes, después demasiado débiles. Me sentí ahogar, metí la mano en mi pecho, atravesé la piel y quise arrancarme los pedazos de un cuerpo medio muerto. Me vomité en las manos a la vez que sentía el calor de la sangre brotando por mi nariz.
Vi de lejos cerrar una frontera tras otra tras otra y quise irme a no sé dónde a no sé qué.
Me daba miedo el para siempre pero mucho más miedo da el nunca más.