te escucho gritar algunas noches
gritás que estás solo y yo lloro contigo
te levantás de madrugada y vas
al baño
a la cocina 
a nuestro sucucho del sótano
martillás
taladrás
armás un marco nuevo
pintás otro cuadro
subís

nacemos y morimos con cada rotación
en cada amanecer empezamos de cero
te miro 
con los ojos entreabiertos
atravesar la puerta
cerrar la puerta
te escucho
bajar la escalera 
abrir la puerta
cerrar la puerta
y pienso
¿será hoy el día en que nos amamos por última vez?

se hace la noche 
siempre
hace frío en berlín
impregno tu bufanda 
con el olor a mi perfume
como un gato mea en los rincones
marco mi territorio
y pienso
¿seremos también dos mañana al llegar la noche?

2015

No me muevo con la linealidad del tiempo, lo mismo da si pasaron 10 días o 10 años, si fue ayer que leí el primer libro que me marcó la vida o cuándo fue que murieron los amores que aun merecen mi duelo. No pude incinerar la carga de pasado y aun llevo conmigo cadáveres de los años felices. A veces llega la noche y elijo quedarme dormida añorando los buenos recuerdos, incito a mi inconsciente a soñar como si fuera aquel ayer no tan lejano, cierro los ojos y me empiezo a imaginar mi cuarto en Dulsberg, pienso que la pared a mi derecha es roja y que el techo es un poco más bajo, que el piso está calentito y que mi mesa de luz está empotrada a la cabecera de mi cama. Sostengo mis frazadas con las dos manos a la altura de mi pecho y pienso que es mi acolchado con estampado de flores y me imagino a mis gatos caminándome por arriba. A veces tengo suerte y me quedo dormida en ese universo paralelo y entonces sueño con Esti o con Camilo, fumamos porro recostados a mi pared y nos engrasamos los dedos con doritos mientras charlamos sobre el por qué de la vida hasta quedarnos dormidos. Camilo siempre sonríe y Esti y yo siempre nos quejamos. Somos equilibrio y somos familia y aunque nos tenemos solo a nosotros en ese instante no necesitamos a nadie más.

La caminata se vuelve frágil, me muevo al ritmo de una melodía que no entiendo, intento calcular el tiempo y mi mente me recuerda que ya es tarde, ¿tarde para qué? ¿Arrepentirse? ¡Ja!-¡más! Aunque en mi caso ya dos veces. Leo un cartel que dice que en realidad nadie se muere y entonces en cada paso me figuro una nueva respuesta a la pregunta magna de la existencia toda ¿qué pasa después de la vida? ¿De qué sirve todo esto? Me pesan las piernas, sé que me hace falta el desayuno pero le pido a mi cuerpo que aguante hasta el mediodía. Lo engaño con un café, me siento despierta, saboreo la leche de almendras y las dos cucharadas de azúcar. Caen algunas gotas pero me alegro porque hace un rato me compré un paraguas. Busco un suelo seco y me siento, hay olor a lluvia y de repente y como nunca antes, me siento bien con el agua que me moja. Rodri tiene razón, mojarse no es para tanto. Esta ciudad no es muy poética pero para algo estoy yo.

Ayer lloramos con Agus por la vuelta de Saturno. Cada década es una crisis y ya somos enanas de -casi- 30. Dicen que Saturno demora unos 29 años en volver al mismo lugar en que estaba el día que nacimos y a eso se le llama el «Retorno de Saturno», y entonces es nuestra hora de definir: ¿quiénes somos? ¿a qué vinimos? ¿estamos en donde queremos estar? Y así es que nuestros cuerpos ya no tan nuevos, ya no tan jóvenes, desesperan ante la falta de respuestas. No nos movemos a la velocidad de los planetas y seguimos a los 30 sin saber dónde está la plenitud aquella que los astros nos exigen, entonces nos juntamos con nuestras amigas, hablamos sobre el tiempo pasado, que fue mejor, sobre las dudas, la incertidumbre, las malas decisiones, el cagazo de elegir y elegir mal, comemos galletitas, tomamos coca cola, nos reímos de nuestras desgracias y nos da vértigo ser tan libres.
Volvé en 10 años, Saturno, porque por ahora NI IDEA.

Pasamos años persiguiendo la identidad: libros, trabajos, familia, amigos, valijas, bondis y aviones. Cada tres domingos el futuro de mi mente cambia de manera radical. Tengo el alma errante y la espalda mucho más cansada que la de los 20, no hago deporte, como mal y tomo poca agua. Tengo pocas certezas pero no necesito más que estas. La incertidumbre es mi dosis de adrenalina, me gusta mucho saber pero no quiero saberlo todo. A veces me siento tan simple y evidente y otras veces soy mi enigma. Ayer miré la sombra de las hojas del árbol del balcón asomarse y bailar a través de mi ventana. La belleza de los simple a veces me emociona. Lo preciosa que es la palabra precioso me emociona. Recordar la dulzura de mis gatos y el sabor de este chai latte. Tengo esperanzas de un camino sinuoso pero firme. Lo precioso me hace bien.

Mañana seremos río, los que fluyen hacia siempre y no llegan nunca al nunca. Seremos aves y libres. Parados en lo más alto de una roca con los ojos cerrados y los pulmones llenos de aire miraremos lo diminuto de la vida y será hora finalmente de respondernos las preguntas del presente. Estamos vivos, herimos, dolemos y amamos con la fuerza de un cuerpo joven. No seremos uno para siempre pero somos uno hoy.

Mi vida ha sido mucho más cambios que constantes e igual así todavía no me acostumbro. Todas las mañanas abro los ojos y demoro unos segundos en entender cuál es mi nueva casa. Eventualmente siempre llego a la misma conclusión: mi casa soy yo y lo demás es geografía.
En cada una de mis vidas nacen mis nuevas rutinas. Acá es lo del té con leche y caminar con un poco de vértigo. Hay días en los que me siento absurda y diminuta, ¿hacia dónde vamos cuando no tenemos mapa?
Ya no me siento tan joven ni tan libre como antes. Las decisiones parecen pesarme más y el salto al vacío parece mucho más alto que cuando era la niña salvaje. Huelo el aroma a canela y de repente pienso en Susi y en la magia de la vida. Ella y otras mujeres que admiro son siempre un salvavidas mental. Respiro hondo y aguanto la respiración durante 4 segundos una y otra vez hasta que mis ojos ya no sostienen las lágrimas. Se me enfrió el té pero ya no me importa y ya no lo quiero. Les regalo este instante de vulnerabilidad y franqueza, que es necesario a veces desnudarse de corazas.