“30 veces hola” es una historia de amor en 30 cartas.
No hay que entenderla. Yo tampoco la entiendo, yo la lloro y la sueño y la escribo con el corazón entre las manos.
Una carta cada día de mayo, aunque en realidad entre carta y carta hayan pasado a veces días, a veces  semanas, a veces muertes.

Carta #1 de S. a B.

Hola, buenos días, ojalá esta carta la leas de mañana así se parece un poco a cuando te podía despertar con un beso y abrazada a tu pecho.
Perdón por tantas cosas.
Ya van 5 cartas que rompo y tiro y mancho con lágrimas y mate que me hace acordar a vos y a tu mate de todos los días y todas las noches.
Ya sé que pensás que las palabras me salen fácil, y un poco es verdad, pero lo que no me sale bien es saber qué siento, qué pienso, qué quiero, qué tendría que haber hecho para no sentir el vacío que ahora siento en el medio del pecho.
Te pienso y te invento todas las noches desde hace 2 años y 3 meses.
No creas que no te había escrito porque no pensara en vos, no te había escrito antes porque se me quebraban las manos con cada intento. Las manos, el cuerpo, el corazón.
Hay días en que lloro porque pienso que nunca me amaste y hay días en que lloro porque no puedo creer haber dejado tanto amor en el camino.
Una vez me morí y todo, me morí y estuve muerta por semanas, no comí, no dormí, no me bañé, sólo estuve muerta.
Muerta de saber que existís tan lejos.
Muerta de saber que existís para quien sabe cuántos otros.
Muerta del miedo de que sólo nos haya tocado cruzarnos en esta vida, o que quizás, si nos toca también en la próxima, ya no te reconozca. Me aterroriza pensar que vos no seas el que para mí fuiste y sos.
Muerta de no poder olerte.
Mis gatos no se me acercan desde el día en que te fuiste.
Mis gatos comen las plantas que vos plantaste. Odio a mis gatos.
Odio a mis gatos cuando me recuerdan que no estás, quiero ser gato, comer de tus plantas, quiero ser gato, tener 7 vidas, morirme hoy y reencarnar en tu cama, morirme ya, morirme otra vez, tantas veces como domingos sin vos.
Los conté, 114 domingos sin tu vaso de agua en mi mesa de luz.
Me cansé de no tenerte.
Me cansé de no existir.

S.

Carta #2 de B. a S.

Hola.
¿Por qué siempre dolés tanto?
Pensé que ya no ibas a volver. ¿Qué querés? ¿Saber si te espero? No, no te espero. Porque esperar me volvió loco.
Te esperé en el banco de la esquina de casa todos los días a las 7 de la tarde. Te esperé en el bar de siempre todos los viernes del resto de mi vida. Te esperé en mi cama todas las noches. Te esperé hasta llorar y te lloré hasta dormir. No te espero más. No te espero. No te creo.
Volvé.

B.

Carta #3 de S. a B.

Hola de nuevo. Intentaré no escribirte los días en que el corazón me sangra.
Quiero saber cómo estás, qué hacés a la mañana y qué estás desayunando.
Quiero saber si seguís tomando la misma yerba, si cocinás siempre lo mismo.
Quiero saber si trabajás, si seguís mirando bichitos en un laboratorio, si estudiás y si ya encontraste a otra a quien pintar.
Quiero saber qué tal tu ciudad nueva, tu casa nueva, tu vida nueva.
Quiero saber si seguís saliendo a correr a la 1 de la mañana.

S.

Carta #4 de B. a S.

Hola, otra vez.
¿Te acordás del día que me dijiste “con vos se empieza siempre de cero”? Bueno, capaz eso no era tan malo.

Te puedo contar cosas de mí, por ejemplo que ya nunca me dejo el pelo largo, pero eso qué te importa.
Desayuno lo que me haya sobrado de la noche anterior, algunas cosas no cambian, desayuno igual de solo que cuando no desayunabas conmigo, pero mucho más solo porque ahora no estás ni en la cama.
Quería acordarme de todas tus preguntas para responderte esta carta así que la cargué conmigo durante muchos días en mi bolsito azul (el de la tela que compramos en aquella ciudad toda azul de Marruecos, que me hice uno para mí y a vos te hice una cartuchera, ¿te acordás?). Bueno la cosa es que ayer dejé el bolso en otro lado, y ahora estoy esperando un tren y encontré una lapicera adentro de un libro que tenía la primera página en blanco y este es el papel que tenés ahora en tus manos, pero la carta no la tengo, ¿qué más me preguntaste? Porque vos siempre preguntaste mucho, “no es por pesada, es por curiosa”, pesada.
Ahora trabajo en el laboratorio de la universidad, no miro bichitos, miro otras cosas, pero ya sé que para vos es todo lo mismo.
Mi ciudad nueva tiene castillos, mi casa nueva tiene nuestras plantas. Mi ropa ya no tiene tu olor y mi cama me queda muy grande.
No salgo a correr porque no me esperás con la cama calientita, (¿era calientita o calentita?). Mi español está cada vez más malo. Mala.
Te pinto a vos, todos los días tristes. Mala.

B.

Carta #5 de S. a B.

Hola.
Es calentita, sin la i, aunque tus amigos mexicanos creo que dicen calientita. Pero también dicen “obscuro” y “alverjas” así que no les hagas caso.
Ya sé que tu ciudad tiene castillos. A veces entro a google maps y camino por ahí, entre los castillos, en el campus de tu universidad, me imagino que algún parque es el parque que queda más cerca de tu casa y me imagino que nos tiramos ahí en tu mantita roja. ¿Cuándo habrá sido la última vez que la lavaste?
¿Te acordás de aquella casita en Avellaneda en donde nos quedamos la última vez que fuimos juntos a Buenos Aires? El otro día soñé que estaba ahí. Soñé que era nuestra casa, estábamos comiendo empanadas en el balcón y vos te enojabas porque yo le ponía un chorro de sucaryl al agua de tu mate.
¿Por qué no me preguntas nada de mí? Qué me importa, te cuento igual:
Los primeros meses Montevideo era perfecta hermosa y maravillosa, me sentía bien, feliz, libre, liberada, sentía los brazos largos, me sentía enorme y gigante y me encantaba mirar toda la ciudad desde el ventanal de mi living. Y de repente todo se volvió horrible. Así, un día me desperté y la vida era un infierno. Otra vez la sensación de no pertenecer ni a este ni a ningún otro lado más que al lugarcito entre tus piernas. Y ya sabés, no quiero ser la que sólo puede ser contigo, pero la vida se empeña en demostrarme que no me sale, que no importa cuántas veces me escape, sigo sin aprender a ser yo conmigo.
¿Cómo va tu libro?
¿Seguís jugando Fire and Water? El otro día pensaba en la primera vez que lo jugamos, todo viejo y pixelado, en su primerísima versión, ¿cuántos años pasaron, lindo? Es que van por la versión 8 (OCHO).
Me duele la muñeca.
Mi día es más lindo cuando me llegan tus cartas.

S.

Carta #6 de B. a S.

Hola.
La gracia de jugar Fire and Water era jugarlo contigo, ser un equipo en la computadora como en la vida, perder juntos, ganar juntos, a veces jugar por vos para que vos no te mueras y saber que si yo no podía con algo siempre estabas vos, con tus dedos cortitos, sorteando el agua y pisando el fuego por mí. A veces te odio porque te fuiste y a veces pienso que fue mi culpa. En realidad no te odio, no sé bien cómo es odiar en español, ich hasse dich nicht.
Es obvio que nunca lavé la mantita roja. La lavaste vos una vez, yo me acuerdo porque todavía tengo 3 toallas rosadas. Está toda sucia pero qué me importa, tiene olor a cerveza y además ahora se quemó con un pedazo de carbón y tiene un agujero. Tengo una foto tuya con una manta enrollada abajo del brazo, pero era otra, es una manta que ni reconozco. Una manta verde, ¿vos sabrás? Tenías el pelo muy largo, Pocahontas.
Krass esa casa en Avellaneda, tenía una heladera amarilla y creo que nunca comimos empanadas ahí. Me acuerdo que estaba llena de fotos viejas, de gente posando seria, mirando de frente a la cámara, qué casa más rara parecía de una abuela que no quería mucho a los nietos. Menos mal que no vivimos ahí.
¿Por qué sufrís? Pensé que te fuiste para no sufrir más, al final para qué te fuiste.
Mi libro va, no sé, una vez lo rompí todo, tiré todo lo que tenía y empecé de nuevo. Resultó que la segunda versión era casi igualita y pensé que entonces al final capaz que la primera no estaba tan mal. La otra vez se lo di a M para que lo leyera. Dijo que le gustó mucho, pero que a veces no parecía que era yo. Qué saben otros quién soy yo. Me enojé un poco y pensé en dejar de escribir de nuevo.
Madre te manda saludos, le dije que hablamos a veces, no le especifiqué que hablamos es esto y que a veces es nuevo y que siempre es triste.
¿Dónde tenés todas tus cosas? A veces pienso que si te las hubiera guardado yo en mi sótano tendrías una excusa en venir a buscarlas.

B.

Carta #7 de S. a B.

Hola, perdón por esta eternidad, que no se a vos, pero a mí se me hizo un infierno. No escribirte es tenerte todavía menos de lo que te tengo. Pero te juro que no pude. Primero porque no tenía tiempo, después porque no tenía ganas, después porque no tenía fuerzas. Ahora quedate tranquilo, te escribo porque estoy bien.
Se murió mi abuela, se murió flaquita y sola de mí. Lo único que pude fue, como siempre, escribirle, y desear también que de alguna forma medio mágica o divina, ella se entere de mi amor.
También fue mi cumpleaños, no sé si te olvidaste o si no quisiste romper este pacto implícito de una carta cada uno. Nunca te habías olvidado un cumpleaños mío, exceptuando el que te olvidaste cuando vivíamos en la misma casa y me festejaste sorpresa un mes después. Pusiste la mesa, el mantel blanco de la Oma, cubiertos de plata, dos copas de vino, el candelabro de la mesa de luz, y un libro envuelto en papel de diario. Todavía tengo una foto. Me cocinaste milanesas con puré y de postre hiciste un flan. Fue el mejor cumpleaños de mi vida aunque haya sido un mes después. Capaz que fue por eso, porque fue un mes después, porque nadie más que vos me dijo feliz cumpleaños. 

Ya sé cuál era esa mantita verde, era verde sólo de un lado, del otro lado tenía retazos de telas de todos colores. Creo que era de Tailandia. Es la misma mantita de aquella noche en el Stadtpark, la noche en que me miraste fijo y me agarraste fuerte la cara y me dijiste te quiero a vos, sólo a vos, todo el tiempo, la noche antes de que desaparecieras por 3 días que para mí fueron 3 siglos, 3 vidas, mil muertes. 
No me sorprende que M haya dicho que no parecías vos, pero yo porque sé que nunca sos tan vos como en tu arte. Tu madre siempre dice que nadie te conoce como yo, y yo no creo que sea por ser tu novia, sino por ser tu fan, tu musa, tu vena, tu curadora, tu lectora empedernida y tu admiradora más fiel.
Mis cosas están en el sótano de A, pero en realidad mis cosas no me importan. Creo que de todas mis cajas, que son como 12, podría perder tranquilamente 11. Me importa sólo una, que es la más pesada. A las otras, para identificarlas, les escribí “Libros”, “Ropa”, “Cosas de cocina”, “Zapatos”, “Más libros”. A la única que me importa, afuera le escribí Amor. Son todas tus pinturas, las mías que me quedé yo, mil dibujos, mil postales, mil papelitos y hasta un pedazo de cinta pato que dice “te quiero, cosa linda”.
Yo también te quiero, cosa linda.

S.

Pd. ¿Cómo están tus hermanos? ¿A tu sobrina la ves? 

Carta #8 de B. a S.

Hola. No me olvidé de tu cumpleaños, también supe de tu agüela, me contó C. Fue muy triste pensar en eso. Hablé por teléfono con la Oma y no le quise contar. No sé cuándo fue la última carta que se escribieron, pero sé que va a ser triste cuando sepa. Creo que la podés llamar un día. Te comparto la mía, como siempre. 

Me gusta el superpoder de tu memoria y que te acuerdes de todo lo que yo no me acuerdo. Igual justo eso, sí, me acuerdo de todo, perdón, a veces fui un mal novio. 
Tengo que pedirte una cosa, pero todavía no es seguro, así que te pido después. 
Mis hermanos bien, como siempre, no sé, no los veo desde Weihnachten pero hablo a veces con mi viejo. P dice que habla más con vos que conmigo, así que vos sabrás y su hija habla y camina, aunque yo todo eso sólo lo sé por mi viejo. 
Yo dejé todas mis cajas y cosas en lo de madre, pero aún así, mire donde mire en mi casa nueva siempre estás vos. 
Quiero saber por qué te fuiste. En serio, ¿por qué? 
No tengo sueño pero tengo que madrugar. 
Vi la película que me recomendaste hace como 1 año, la húngara. Me encantó. 
¿Por qué te fuiste? 
 
B.
Carta #9 de S. a B.
 Hola.

Me fui buscando algo que sigo sin encontrar. Una amiga de las que no conocés me dijo que lo que yo busco en ciudades en realidad está dentro mío. Y puede ser, lo entiendo, lo comparto, pero ya sabés que soy una esponja del entorno, que absorbo todo, que echo raíces, y los suelos, todos, después de un tiempo me envenenan.
Sé por qué me fui de casa. No sé por qué me fui de vos.
Aunque en realidad sabés por qué me fui? Porque me dejaste ir. 

S. 
Carta #10 de B. a S.
Hola. 
Te lo dije en septiembre hace 10 años mientras vos dormías con el buzo de un otro: nunca voy a pedirte que te quedes, yo me enamoré de que fueras libre y no voy a ser quien cambie eso. Sí voy a ser el que llora acurrucado en el piso de una casa ya no nuestra mientras vos subís a un avión que te lleva lejos. Voy a ser el que te escriba poemas que después rompe, el que dibuje tu cuerpo de memoria durante años, el que tome mil vasos de vino en este cuarto vacío y oscuro. Vacío de vos y de mí y de un nosotros que rompiste/mos/í. 
Te quise mía, pero más te quise libre.

B.

Carta #11 de S. a B.

Moin.
Yo no los rompo, ya sabés que guardo todo. Tengo hasta aquel diploma que nos dieron en el barco hacia la isla, que dice “certifico que la señorita S.M visitó Helgoland”, tengo la flor de aquel día que saliste a correr a la 1 de la mañana y yo te esperaba en la cama enojada. Tengo la hoja de otoño en donde me escribiste un billetito para avisar que habías estado en casa. Tengo la pluma con la que me despertaste haciéndome cosquillas en la cara en aquel lugar raro bien al norte, donde dormimos en un vagón de tren abandonado tapados con una manta vieja. Fue también ahí que hicimos el amor en medio de un bosque recostados a un monumento a los soldados caídos en la guerra. Te metiste a un lago en pleno invierno y nadaste solo y lindo, te esperé para abrazarte y secarte con mi pelo y mis abrazos. Yo guardo todo, lo físico y los recuerdos.
Y a veces te escribo poemas mientras lloro.
¿Sabré algún día que hubiera sido de mí si aquel viernes no te hubiera dicho esas tres palabras?
Te.
¿Sabré a caso quién sería hoy la que al final nunca fui?
¿Podremos, mi amor, algún día mirarnos de lejos?
¿Podremos, mi amor, transformarnos?
Querés.
¿Sabremos, mi amor, algún día, renacer de estas cenizas?
Yo te quise, y a veces vos también me quisiste.
Separar.

S.

Carta #12 de B. a S.

Hola, linda. No sé cuánto más vamos a poder hacer esto. El día que leí tu carta pensé que nunca más, que no quería más, que no tengo ganas ni fuerzas para extrañarte, me cuesta mucho. Pero después me di cuenta de que más me cuesta no escribirte.
Y te tenía que contar…me llamaron de la Heiz, qué loco, ¿no? Me ofrecieron hacer una muestra de la serie de las plantas, pero en realidad esa un poco ya me aburrió, además de que la mitad de las pinturas ya las fui regalando de a poco. Entonces pensé en la otra serie, la mejor serie que hice, que es más tuya que mía aunque la haya hecho yo. 
¿Te acordás de que hace unos meses te dije que tenía que pedirte un favor? En realidad no es un favor per se, pero quiero exponer las pinturas del sillón. Estuve pensando en un nombre, y aunque siempre le dijimos “las pinturas del sillón”, en realidad es mucho más que eso. ¿Cuántos libros leíste mientras yo te pintaba? 
Entonces pensé, ¿puedo exponer tus pinturas? ¿Me escribís la descripción de la exposición? Tiene que ser muy muy cortita, y las palabras se te dan mucho mejor que a mí, a las pruebas me remito, hace un mes que releo tu poema. Y lloro. Y releo. Y lloro. Volvé el tiempo para atrás, y antes de preguntar, callate. Callate. Callate.

B.

Carta #13 de S. a B.

Hola, qué emoción y qué orgullo. Cuántas cientos de veces nos pasamos horas ahí adentro mirando la obra de tantos otros artistas y soñando con algún día estar colgando nuestros cuadros. No te voy a mentir, estoy con el corazón en pedacitos de no estar ahí para ayudarte. A veces odio que el mundo sea tan grande. 
Acá va:
“Las pinturas del sillón” es una serie de pinturas del artista B.F realizadas entre los años 2011 y 2016, cuya singularidad radica en que cada obra fue pintada mientras la protagonista leía un libro en voz alta. En distintas poses, sentada o acostada, siempre en el mismo sillón, se la ve leyendo libros de Roberto Bolaño, Borges, Paula Köhlmeier, Schlink, Martin Suter e infinitos libros de poesía, habiendo sido todos parte fundamental en la inspiración del artista. “Las pintuas del sillón” es una historia de amor en cuadros. 
Vos sos mi historia de amor más increíble. A veces quiero cambiarle el final. Siempre quiero cambiarle el final. Nunca quiero que tenga final.

S.

Carta #14 de B. a S.

Hola, asumí que que hayas escrito la descripción era un sí a mi consulta sobre colgar tantos cuadros en los que a veces estás desnuda. La exposición fue hermosa y horrible a la vez. ¿Sabés cuántas veces tuve que explicar quién eras? Tantas que empecé a inventar historias. Al final te transformaste en una mujer inventada, en una historia de mentira. Y te invento tantas veces que eso se transformó en realidad. Quisiera no tener que inventarte para tenerte cerca un rato.
Me conto C que te vas de viaje otra vez. ¿Desde dónde me vas a escribir la próxima vez?

B.


Carta #15 de S. a B.

Hola, me voy sí, pero no todavía. Ya te contaré, todavía no tengo una ruta muy definida, pero empiezo por ir a Córdoba a visitar a M y a su novia, que no la conozco pero nos hemos estado escribiendo varios mails y compartiendo muchos dibujos. Incluso hace unos meses empezamos uno de los tantos proyectos que nunca voy a terminar. Es un blog en el que subimos un dibujo cada una, y nombramos el dibujo con una palabra o frase que nada que ver, pero que inspira a la otra a su próximo dibujo. Es decir, cada dibujo lleva el título del dibujo que le sigue. Algo así. Adiviná si soy una colgada y siempre demoro siglos en subir mi dibujo.
Además renuncié a mi trabajo, adopté un pez y aprendí a hacer carrot cake. Tenías razón, es dulce y es rica.
El pez era de una vecina que se mudó y no se lo podía llevar. Era re aburrido y se llamana Nemo porque es naranja y todo eso, pero después de asumir que no respondía a su nombre, se lo cambié por Pezcuezo.
A veces me olvido de darle de comer. Tampoco riego mucho las plantas. Menos mal que no tuvimos bebés.

S.

Carta #16 de B. a S. 

Hola, qué decís, nuestros bebés serían los mejores bebés del mundo, serían lindos, buenos y graciosos como vos, y yo les puedo heredar mi super fuerza y mi talento para encontrar novias. 
Me acordé que una vez, hace mucho tiempo, unos meses después de que te fuiste, salí con una chica. La conocí en algo de la facultad, charlamos, llovía, no había llevado mi tarjeta del subte ni plata para el boleto, así que me prestó unos euros y yo le pedí su celular para devolvérselos y al otro día la invité a tomar un café. Nos vimos varias veces, fuimos a cenar, a un concierto, a una exposición, a una feria de muchas cosas en un complejo de edificios cerca de su casa, a varios bares. 
Un día vino a casa. Se puso a mirar mis paredes y me preguntaba qué eran los dibujos, los grabados, las fotos, y yo le contaba. A veces me llamaba por teléfono y yo nunca la atendía, algunas veces porque no escuchaba y otras porque no quería. La cosa es que un día me mandó un mensaje y me dijo que quería hablar conmigo, yo le dije que sí, que el sábado, y me dijo que no tenía tiempo (creo que quiso decir ganas) de esperar hasta el sábado, y que mejor me decía por mensaje nomás. Me dijo que le gustaba salir conmigo, pero que yo todo el tiempo hablaba de mi exnovia, y que no pasaba nada, pero que ella no tenía ganas de eso. 
Desde esa experiencia intento no hablar mucho de vos. No me sale. 

B.