Era una fiesta en otoño, era mi fiesta de cumpleaños en una noche de abril, yo estaba borracha y de repente estabas parado frente a mí, después de tantos años de conocernos y no habernos prestado atención. Me pediste mi número de celular y yo te lo di, y vos me diste el tuyo y yo te dije que te iba a escribir. “Probablemente nunca”, pensé.

Y entonces de repente era octubre y sabías tanto sobre mí. Era una noche cálida de octubre cuando me besaste por primera vez y me dijiste que no me ibas a dejar ir nunca.

Se acerca el verano y luchamos entre nosotros y con nosotros y nos perdemos más y más. Nos perdemos en palabras no dichas, en esta tranquilidad horrible que vos intentás romper, y aunque quiero gritar que pares de hacerme preguntas, me callo, y te pregunto mientras vos querés que pare de hacerte preguntas.

Es febrero y estás parado frente a mí y me decís que te querés ir, que ya no me querés a tu lado. Por primera vez querés que me vaya, ¿y yo? Yo quiero quedarme, pero me doy vuelta y me voy sabiendo que te perdí. Y entonces viene la segunda noche de abril en que nos encontramos. ¿Qué querés de mí? Yo sigo siendo la misma, la que no pudo hacerte feliz, y vos sos el mismo que amo y que me lastima. Ahora somos ¿amigos?, ¿amigos con derecho? Entonces pasamos la mejor etapa que hemos tenido, y estoy feliz y confundida. Vos siempre parecés tan fuerte y yo tan débil. A pesar de todo siempre estás ahí para mí, crees en mí, me abrazás, me prestás tu campera cuando hace frío y me secás las lágrimas. “¿Qué querés de mí?”, te pregunto mil veces. ¿Y vos? Me mirás y no sabés. Vos ponés las reglas en nuestro juego, que aparentemente ya nada tiene que ver con amor. Vos decidís qué tan cerca o lejos de vos puedo estar. Y después se termina. Porque yo quiero demasiado y vos demasiado poco, y a veces es al revés. No puedo hablarlo con nadie porque nadie lo entiende. Yo lo entiendo. ¿Lo entiendo?

Ahora estoy sola y vos también, ¿cuánto vamos a aguantar? Sin el otro, sin ese sentimiento de sentirte en casa en los brazos del otro. Entonces estás otra vez, parado frente a mí en una noche de música alta en un boliche de dudosa reputación en Montevideo. Me mirás mientras bailo, entonces me besás como si fuera la primera vez y sonreís con tu sonrisa de “está todo bien”. Esta noche me da todo igual y ya me olvidé de todo. ¿El futuro? No se sabe, como nuestra relación que no es. Me preguntás si todavía te amo. Te digo “no, no te amo, pero sos mágico”. Sí, mágico, eso sos. Es raro, pero estoy bien. Me gustaría volver a enamorarme de vos, pero esta vez tiene que venir de tu parte, eso ya lo sé. Después de todas las noches en las que me dejás y después estás parado frente a mí. Vos pensás que me hacés daño, que me rompés, pero no, a veces me dejás dudando, a veces dudo yo sola, de vos, de mí, de nosotros, pero también me das mucho. Mucho de vos, de mí y de nosotros.

Ahora sos un amigo con el que comparto más que con otros amigos. Si alguna vez quisieras más de mí, entonces probablemente yo también quiera darte más. Pero hasta entonces olvidemos el dolor, vivamos, seamos, tomemos cerveza y fumemos sentados en cualquier esquina.