Mi cuerpo chiquito carga con todo mi ser, me acepto ínfima y prescindible, me saco una mochila que pesa todos estos años de preguntas sin respuestas, que los sueños, los propósitos, el esfuerzo o el destino.
La misma duda me quita el sueño todas las noches desde la primera vez que me hice huérfana.
Releo los mismos libros y lloro las mismas lágrimas.
Escribo un diario para entender mis procesos. Soy joven, libre, fuerte casi siempre y débil los domingos. En la lucha diaria entre el sueño y la vigilia me despierto en otro lado, otra casa, otra cama, otro amor.
Extraño a todos mis gatos, extraño a todos los gatos de todos mis amigos, extraño a todos los gatos que acaricié y a los gatos que no conozco. Mi pulsión es el cambio, el movimiento, el salto al vacío, aunque los años trajeron más miedos que osadía. Soy cada vez menos pájaro y más semilla, quiero volver a la tierra, meter las manos en el barro, perderme en un bosque y florecer, que el frío me queme los pies y las manos, usar gorros y bufandas, tomar té hirviendo a toda hora y nunca más sentirme sola. ⠀ 

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