Ahora que estoy sola, en una casa llena de plantas y vacía de todos, que convivo conmigo y mi silencio, de repente escucho música porque ese silencio aturde, ahora que como nunca antes me enfrento a mí misma y a un torbellino de sensaciones que antes eran ajenas, de mi yo del futuro, de otra, acá estoy, este es el futuro y yo, parece, soy la misma algo distinta.
Del aeropuerto directo al limbo que es este estar pero no estar, ser pero no ser. ¿Se le puede llamar volver a este estado tan absurdo de ir del living a la cama y de la cama al super?
Hoy me picó la espalda y mientras con la punta recién sacada de un lápiz intentaba llegar a donde si no no llego, me rasqué hasta lastimarme, hice fuerza y me di cuenta, la picazón ya pasó pero esto es estar sola.
No reniego, sin embargo, y agradezco la ocasión, para mirarme al espejo un rato y aprender a conocerme. En cada despedida empiezo un poco de nuevo y ya perdí la cuenta de las veces que abracé por última vez. Y así intento, como puedo, sacar belleza del caos.

La casa vacía ya no vibra
adentro seco
afuera muerto. 
Muevo mi pie
más rápido
más lento
busco el ritmo que simula tu presencia.

Digo lo no dicho
hago lo no hecho.
Sin hablarte pienso 
vamos, juntemos de nuevo los restos
revivimos una vez
reviviremos de nuevo.

Quiero otro gato tal vez algún día
una casa y un buzón
un sótano lleno de porquerías
libros viejos
humedad en las paredes
preocuparme por las ratas que se coman mi comida. 
Y esperarte en la puerta cuando llegues
hacer todo lo que no hicimos
compartir la ducha alguna vez
doblar tu ropa
regar tus plantas
arañar tu espalda hasta que sangre
babear tu pecho y bajar la guardia.


Estoy cansada y con miedo
abro los ojos en medio de la noche
todo esta oscuro
y vos
tan lejos
y yo
abro los ojos y pienso
cuándo fue que elegí 
la vida equivocada
cuándo fue que elegí
el desahucio del olvido
fui tuya y te quise mío
vi la pena salir por tus ojos
verdes
azules
tristes
vi tus manos apretarse
heridas supurando 
angustia
desazón 
olvido.

Cuánto tiempo puede alguien 
estar
dentro de la casa
dentro de la cama
conservando la cordura
mientras la soledad quema
y no purgan
ni el tiempo
ni la distancia
ni la sensatez de entender
que no hay ganas
ni deseo
ni apetito por tu piel
que permitan un reencuentro.

Berlín carga ahora tu ausencia
y yo el infortunio de la huida. 
Fuimos uno para siempre
y no somos uno hoy.

Arrastro la silla frente al espejo
me miro fijo un rato
y seria
como si no estuviera
parada en una silla
frente a un espejo
lleno mis pulmones de aire 
abro la boca y digo
voy a estar bien
vas a estar bien.
Me creo, no sé
que parada algo más alto
el discurso cobra sentido
lo repito 
subo el volumen
me miro fijo e intento en mis ojos ver tus ojos
y te digo
vas a estar bien
mi amor
estamos vivos.

Solo quiero dejar mi propia huella de la vez que todo se nos fue de las manos.
Qué forma tan rara de irme y tanto más de volver.
Pasé:
días sin comer,
noches sin dormir.
Lloré hasta que una creería se acaban las lágrimas pero las lágrimas no se acabaron.
Perdí la memoria, olvidé quién soy, quién fui, quiénes fuimos, y quise hacer una línea entre lo que es real y lo otro.
Cuatro veces dejé de respirar, sentí como el corazón se iba muriendo de a poco, los latidos demasiado fuertes, después demasiado débiles. Me sentí ahogar, metí la mano en mi pecho, atravesé la piel y quise arrancarme los pedazos de un cuerpo medio muerto. Me vomité en las manos a la vez que sentía el calor de la sangre brotando por mi nariz.
Vi de lejos cerrar una frontera tras otra tras otra y quise irme a no sé dónde a no sé qué.
Me daba miedo el para siempre pero mucho más miedo da el nunca más.

Cierro los ojos y el tiempo que queda entre esta vida y la nueva se diluye. Mis piernas se derriten mientras imagino que salgo del tren y camino los 200 metros que me llevan al pasado, y parada frente a mi vieja casa respiro profundo y puedo sentir el olor a pan tostado y fruta recién cortada.
Busco una piedra blanca para dejar como tantas otras veces un mensaje escrito en el escalón, pero esta vez el mensaje es para mí: ich komme zurück.
La adrenalina calienta mi sangre y siento como mi interior burbujea, lleno mi pecho de aire y siento como mi corazón se expande y mis huesos aprietan.
La incertidumbre, los miedos, deseos, la ilusión de un nuevo hogar, la orfandad, las despedidas. ¿Habrá una última vez? ¿Seré dos, tres, cuatro para siempre?

«Desechada hace ya tiempo
y provista de nada

Sólo con viento con tiempo y con sones
que entre los hombres no sé vivir

Yo con la lengua alemana
envuelta en esta nube
que tengo como casa
floto a través de todas las lenguas»


Ingeborg Bachmann (1926-1973)

Mi cuerpo chiquito carga con todo mi ser, me acepto ínfima y prescindible, me saco una mochila que pesa todos estos años de preguntas sin respuestas, que los sueños, los propósitos, el esfuerzo o el destino.
La misma duda me quita el sueño todas las noches desde la primera vez que me hice huérfana.
Releo los mismos libros y lloro las mismas lágrimas.
Escribo un diario para entender mis procesos. Soy joven, libre, fuerte casi siempre y débil los domingos. En la lucha diaria entre el sueño y la vigilia me despierto en otro lado, otra casa, otra cama, otro amor.
Extraño a todos mis gatos, extraño a todos los gatos de todos mis amigos, extraño a todos los gatos que acaricié y a los gatos que no conozco. Mi pulsión es el cambio, el movimiento, el salto al vacío, aunque los años trajeron más miedos que osadía. Soy cada vez menos pájaro y más semilla, quiero volver a la tierra, meter las manos en el barro, perderme en un bosque y florecer, que el frío me queme los pies y las manos, usar gorros y bufandas, tomar té hirviendo a toda hora y nunca más sentirme sola. ⠀ 

Cuento los días sentada en el sillón, leo un libro entero sin prestarle atención, Netflix me pregunta «¿Todavía sigues ahí?», y yo sigo ahí, un episodio atrás del otro. Es la calma que antecede a la tormenta. Mi cuarto todavía entero antes de que lo empiece a romper de a poco. Libros en una caja, el florero con el que me mudo desde hace 7 casas, las plantas que me traje de la casa que rompí en Hamburgo como si cuidar las plantas enmendara mis errores. Regalo mi ropa, tiro los dibujos que ya no quiero, abro y cierro los cajones aceptando que otra vez voy a tener que dejar cosas. Miro el reloj, cuento los días, me desvelo, leo otro libro pensando en otra cosa, otro episodio, llueve. Manejo 400 kilómetros, duermo en la casa de mis padres y aunque desde hace 10 años nunca pasé ahí más de 3 noches seguidas otra vez respiro aire a despedida. Duermo en sábanas con olor a suavizante. Duermo con el gato de esta casa que no es mío ni me conoce ni me quiere ni me pide que lo acaricie antes de dormir. Acá cerca están todos mis amigos y aunque tengo ganas de quedarme leyendo me visto y voy a comer las últimas pizzas y hablar a los gritos por última vez hasta quién sabe cuándo. Cuándo es que te vas preguntan mis amigos y prometen visitarme. Quiero que el tiempo pase rápido y lento, qué contradicción, quiero estar cerca de otro mar pero abajo de este cielo. Mi cuerpo partido hace tanto tiempo en dos, en tres, ¿en cuatro? ¿Cuántas veces es capaz de dividirse una persona?

Abro los ojos y solo hay aire, bajo mis pies tierra y algo de mugre, estoy descalza y desnuda, mi piel áspera, peluda, sucia, los poros bien abiertos y los brazos cansados. No sé cuántas horas dormí, quizás fueron días, meses, años, una vida entera, quizás ya no soy. El aire huele a moho y el suelo tiembla. Otra vez volver a empezar, tengo miedo, sueño, hambre. El suelo tiembla, tiembla, yo tiemblo. De repente todo se va volviendo más oscuro y gira, el mundo gira, yo tiemblo. Me refriego los ojos y están llenos de polvo, todo a mi alrededor gira y yo me caigo.
La libertad me abruma y tengo miedo, soy dueña del mañana y tiemblo.