Conectar conmigo es más fácil a través de otras. Me conozco a través de la voz de otras que saben ser, y que hablan, lloran, ríen y sangran como hablo, lloro, río y sangro yo. Me entiendo través de sus historias, las abrazo y en ese abrazo me abrazo y me perdono, perdono las veces que me culpo y las veces que me miento. Me transformo en espectadora de otras vidas para ser protagonista de la mía. Absorbo de otras historias para así algún día poder erguirme, sacar pecho y contar la mía, sin miedos, sin pudor. En las otras me veo, me entiendo, me vuelvo más mujer y menos débil. Mujer es fuerza, mujer es vida y a veces también es muerte. En las lágrimas de otra depuro mis dolores y me siento menos sols en la búsqueda del ser. Aprendo a aceptar si a veces no soy nada porque quizás eso me transforme en todo. Desaprendo la necesidad de nombrarme, me rompo con los golpes de las mujeres que se rompieron antes y renazco de las cenizas del fuego colectivo. Nazco y muero, río y lloro, desaparezco, me desarmo y soy. Vuelvo a ser cada vez que me leo en voz alta. Soy ojos que miran y admiran, soy oídos que escuchan y brazos que abrazan. Aprendo, acepto y regalo. Las palabras ya no son mías cuando son de otras. Vuelvo a ser cada vez que me leen en voz baja. 

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