Nos despertamos a las 5 de la mañana para tomar el bus que nos lleva al mar más lindo del planeta. Ya perdí la cuenta de las veces que miré mis pies a través del agua transparente del caribe. Nunca me maravillé menos que la primera vez ante la magia de la arena finita y los peces de colores. Esta vez recorro rutas que ya recorrí. Espero la hora de partida sentada en las mismas sillas en las que me senté tres años atrás yendo a un rincón desconocido de esta isla. Estar en el mismo lugar en otro momento de mi línea del tiempo me hace reflexionar, ¿fui yo quien ya estuvo acá? 

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