Una vez me enamoré de un compañero de trabajo. Me enamoré y no sabía cómo o siquiera si decírselo. A veces me cuestionaba si realmente estaría enamorada, pero yo de amor conocía sólo uno y este era muy parecido. Primero me hice la que no pasaba nada, intentaba ser su amiga y que no se diera cuenta de cómo lo miraba cuando él sonreía y de cómo rozaba sus dedos haciendo como si fuera sin querer cada vez que le preparaba un café cómo le gustaban a él: negro, fuerte, sin azúcar. A veces, también, me dejaba preparar un capuccino con mucha espuma y en el agradecimiento le mentía que era el mejor capuccino del mundo, y no era, pero era, porque me lo hacía él, y me lo daba con sus dedos largos, y yo rozaba su piel haciendo como si fuera sin querer. No quería quererlo pero más rápido que lento lo quise mucho. De repente un día, cenando a las 12 de la noche una tarta de zucchini me di cuenta de que capaz que él también me quería. Leímos un libro y en ese libro nos encontré en frases como “¿Qué? ¿Voy a intivarlo a salir y contarle que estuve algo así como enamorada de él?”. Y sí, lo había invitado a mi casa, pero no, nunca pude decirle lo que sentía. Nos besamos, nos abrazamos, nos supimos dueños de algo que no sabíamos bien qué era, hablamos por horas abrazados en camas y sillones, hablamos por horas al teléfono como si no fuera suficiente con vernos de lunes a lunes, pero seguí mintiéndole en cada beso y en cada abrazo y en cada lágrima que sequé antes de que la viera caer. Una vez tuvimos un curso de trabajo, y como siempre, nos sentamos al lado, y de vez en cuando, cuando él se daba cuenta de que alguna palabra que usaban yo quizás no la conociera, se acercaba a mi oído y me traducía, y yo lo miraba sacar apuntes de todo lo que escuchaba, y a veces, cuando estaba aburrida, estiraba mi mano y le hacía dibujitos en los bordes de sus hojas. A mí me cuesta mucho concentrarme, mi mente siempre está en otro lado, me aburro y pienso y sueño despierta todo el tiempo. Ese día arranqué un pedacito de mi hoja y escribí eso de la foto. For your information, así, como si fuera un asunto de trabajo, un “te copio este mail que tiene información que te interesa”. Y lo doblé, y lo guardé en la parte de atrás de mi celular, entre el aparato y la funda, en el mismo lugar donde ahora guardo la boletera. Y nunca lo saqué, ni nunca se lo di, ni nunca lo volví a abrir. Al final el amor es complicado y nos separamos antes de juntarnos, y no le dije lo que sentía hasta el último abrazo en el aeropuerto, cuando ya había decidido que mi próxima casa estaba a 12 mil kilómetros de la suya. Otra vez escondí mis lágrimas y otra vez lo saludé de lejos mientras me rompía por dentro. Ya sé que dije muchas veces que esta es la última vez que le escribo, pero esta, seguramente, tampoco sea la última vez que le escriba.

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