Hoy hace 19 días que no escribo. Y no tiene nada que ver con la hoja en blanco, de hecho lo de la hoja en blanco y todo eso para mí que es mentira. Bueno yo qué sé, capaz que los escritores tienen ese problema de la hoja en blanco, pero a mí, que no soy escritora, eso no me pasa. Yo agarro una lapicera y escribo. La mayoría de las veces eso que escribo queda ahí en mi cuaderno, otras tantas en la basura y otras muy pocas acá. Siempre tengo algo sobre qué escribir, y cuando pienso que no tengo para decir escribo una lista de todas las cosas que recuerdo haber charlado con mi abuela cuando estaba viva.
Así que lo que me pasa es mucho peor, no escribo porque escribir significa darle forma a lo que siento, a lo que me esté pasando. No escribo porque tengo miedo de romperme en mil pedazos, una puñalada por palabra, una lágrima por puñalada. Todo el cuaderno mojado, todo el maquillaje corrido, todo este llanto de todo este lío.
Una vez escribí un poema que decía algo más o menos así:
berlín tus calles
berlín la esquina
berlín el turco en la esquina de mi casa
berlín donde no brilla el sol
berlín en mis manos
berlín en mi sangre
berlín en vos
Y es cierto, en Berlín nunca brilla el sol, y yo pensaba que cómo puede alguien ser feliz en una ciudad gris, y Montevideo, la gris, mucho menos gris que Berlín, mucho menos mía. No sé, capaz tenía razón mi exnovio cuando me dijo que yo me escapo. Capaz, también, tiene razón mi amiga que me dijo que yo busco en el mapa algo que está dentro mío. Yo qué sé qué busco. Busco dejar de buscar-me. Ya me asusté de nuevo, no quiero escribir más, no vaya a ser cosa que tenga que aceptar que no siempre se puede entender-se. Ya está, basta, no vaya a ser cosa que tenga que aceptar-me.

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