La semana pasada lloré tomando Glühwein porque me hizo sentir como en casa.
Desde que aterricé en Berlín estoy llena de emociones. El puerto de Hamburgo me invita a encallar, otra vez, pero la nieve, el frío y las calles que me duelen me recuerdan por qué me fui.
A Alemania llegó hace años una niña muy libre e independiente que de a poco se transformó en lo que hoy soy.
Alemania me recuerda lo que fui y lo que quería ser.
Me recuerda lo que fui con y para otros.
Alemania somos nosotros y la vida que armamos y después rompimos.
Pila de amigos, pila de amor.

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