Lo más difícil fue lograr que no se me murieran nuestras plantas. En 5 años nunca las regué, nunca las cambié de una ventana a la otra porque necesitaban más o menos sol, nunca arranqué hojas que ya estaban secas, ni nunca las cambié a una maceta más grande. Y de repente me vi sola y responsable de una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce plantas. Viven, todas viven. Ese también es mi regalo para vos todos los días. Que los cumplas feliz.

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