La semana pasada lloré tomando Glühwein porque me hizo sentir como en casa.
Desde que aterricé en Berlín estoy llena de emociones. El puerto de Hamburgo me invita a encallar, otra vez, pero la nieve, el frío y las calles que me duelen me recuerdan por qué me fui.
A Alemania llegó hace años una niña muy libre e independiente que de a poco se transformó en lo que hoy soy.
Alemania me recuerda lo que fui y lo que quería ser.
Me recuerda lo que fui con y para otros.
Alemania somos nosotros y la vida que armamos y después rompimos.
Pila de amigos, pila de amor.

Me di cuenta de que algo andaba mal cuando sentí la necesidad de leer poemas tristes tres noches seguidas. Ya sabés, cuando estoy triste bajo las persianas, no me gusta ver que afuera hay sol y otra gente y otras vidas. A veces te confundo con un amigo, a veces te llamo porque me siento sola y me calma sentir tu voz del otro lado. A veces te llamo y corto y te escribo nevermind porque me asusta decirte cosas que no quiero decirte. Lucho todos los días para ser lo fuerte que quiero ser, para poder con todo, yo sola, porque sé que puedo, a veces puedo. Lucho todos los días para no necesitarte.

El día que nos separamos transcribí un poema de Idea Vilariño con la máquina de escribir que me regalaste cuando todavía no sabías que yo ya te amaba. Ya no, ya no soy más que yo para siempre, y tú ya no serás para mí más que tú. Nunca sacaste mis fotos de tu cuarto, pero la más grande la tapaste con el poema que te di en ese papel marrón arrugado y húmedo de lágrimas y roto de tristeza. Cada vez que fui a tu casa durante los siguientes 18 meses me paré frente a mi foto, tapada por ese pedazo de alma, y leí ese poema, y dejé caer mis lágrimas, y una vez no hace tanto, vos me abrazaste fuerte y lloraste conmigo, me dijiste que a veces no podías hacer esto, estar conmigo, ser mi amigo, amarme de lejos, para siempre. Yo lloré más fuerte y te dije si te lastimo decime, y vos como siempre que querés decir algo lo dijiste en silencio, abrazándome más fuerte, llorando con más lágrimas. A veces yo tampoco puedo hacer esto. A veces quisiera saber quién fuiste, qué fui para ti, cómo hubiera sido vivir juntos, querernos, esperarnos, estar.  Pero ya no soy más que yo para siempre, y tú ya no serás para mí más que tú.
Hoy te pienso con el amor que se piensa sólo a unos pocos. Es que uno siempre está solo, pero a veces está más solo.

Me paso leyendo cosas de cómo es vivir con ansiedad, como si no supiera exactamente cómo es vivir con ansiedad. Creo que es porque leer que no soy la única me hace sentir un poco menos sola, un poco menos loca. Me como las uñas desde que tengo dientes, me como las uñas cuando sufro y sufro por comerme las uñas. Ese es el primero de mis miles círculos viciosos. La culpa, la duda, las inseguridades, los miedos, la confusión, you name it. Después el otro 98% del tiempo soy feliz y estoy tranquila y pienso, ¿cómo puede ser que de repente y sin motivos me angustie o me vuelva loca? Puede ser, y es, pero no es de loca, es de ansiosa. Ponerle un nombre hace que sea más fácil, hace que sepa que se me va a pasar, que a veces se va sin hacer nada, que a veces se me va escribiendo, que a veces se me va durmiendo, que a veces se me va llorando, que a veces se me va con un abrazo y que a veces no quiero ni que me toquen.
Por suerte también tengo toda esta otra parte que contrasta, la parte optimista, la certeza de que todo lo que me pasa al final es para bien.

Un día acostada en tu cama nos pusimos a hablar de combinar pasiones, vos estabas sentado pintando y yo te decía que vos estabas combinando pasiones porque me estabas pintando a mí. Yo te decía que quería escribir y viajar, escribir sobre viajar, viajar para escribir. Vos me decías que me calle, que me quede quieta, que me ponga un poquito más así, un poquito más asá.
Tenés que tomar más agua, tenés la piel medio seca, vení, tomá, linda, tomá este vaso entero, dale, entero, no es ni medio litro, y qué son las pasiones?
No sé, yo qué sé, ser feliz mientras hacés algo. Yo soy feliz cuando como tu comida. Y si cocinamos?
Un ratito más, estás cansada? Un ratito más y cocinamos. Mirá, ya casi termino, un ratito más.
Yo soy feliz mientras me pintás.
Yo soy feliz mientras te pinto.
Es eso, no es tan complicado.

Quisiera poder despedirme de mi abuela. Abrazarla en el mundo de los vivos y acompañarla a irse al mundo de los muertos, si es que existe, y ojalá exista y esté lleno de la gente que ella extraña. Ojalá esté mi abuelo que hace un año que la espera. Ya sé que en general el último deseo es para el muerto, pero todo pasó tan rápido que no me quedó otra opción que robarle el poder, y pedirle por favor en un mensaje de voz, que haga el esfuerzo sobrehumano, con esas palabras se lo dije, de dejarme la receta de sus rosquitas antes de morir del todo. Quisiera pedirle que no se muera, que me espere, que se quede acá hasta que yo le avise, pero qué egoísta quererla viva cuando ella quiere estar muerta. Con ella se muere un poco la niña que fui. Mi abuela está viva y yo estoy lejos.