Hace unos días esribí un mail larguísimo que al final dejé en borradores. No sé bien para quién era, porque empezó siendo para mi último novio pero en el camino el destinatario pasó a ser mi novio anterior y después fue para todas las mujeres del mundo. Hablabla sobre no sentirse suficiente para el otro, sobre autoestima y amor propio, sobre lo difícil que es encontrar el equilibrio entre descubrir que la otra persona es el ser más mágico en el puto planeta pero no morir de tristeza por pensar que entonces es demasiado bueno para vos, que estás toda rota y no sabés ni lo que querés, que comés poco y no tomás agua y no te gusta ninguna fruta de invierno.
Extraño a mis amigas las que aman como amo yo, todo mal, tratando de aprender a amar de nuevo, después de rompernos y romper a otros. Mal y mucho.
No sé, quien lea esto, si es que alguien lo lee, no tome muy en serio lo que escribo. Hay días en que siento mucho orgullo de mi forma de amar, ya lo he dicho, creo que si de algo en la vida puedo alardear es de mi capacidad de amar, y creo que de más nada, pero de eso seguro. Pero hay otros días, como hoy, en los que siento que hago todo mal, que lo de inventar amores no me va a servir para siempre y que algún día voy a levantarme en el cuarto de algún desconocido y me voy a dar cuenta de todo lo que hice mal hasta ahora. Hoy no estoy pensando mucho, estoy sintiendo sin pensar y transformando eso en golpes en el teclado. Yo qué sé, escribo para mí, para saberme mañana.

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