Cuántas veces me escapé, cuántas veces quemé todo pensando que así se olvida.
Cuántas veces empecé de nuevo, otra casa, otra cama, otro colchón sin huellas de ninguno.
Me lo dijeron muchas veces: no importa a dónde vayas, los dolores se van contigo.
Entonces yo no sano, yo me escapo.
Me lavo el pelo en el mediterráneo y el alma en el Río de la Plata.
Te lloro en una esquina desierta de Berlín y me lloro abajo de tres frazadas.
Me acaricio las piernas como si las caricias fueran de otros y siento fuego en las manos.
Fuego. Ya prendí fuego todos mis recuerdos.
Mil veces fuego. Mil veces rota. Mil veces ida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *