Ayer me compré mi primer libro en italiano. Al final además fueron dos porque no me podía decidir. En mi lista de resoluciones de año nuevo escribo todos los años “no comprar más libros hasta no haber leído los que todavía no leí de mi biblioteca”. Fracaso rotundamente desde que tengo memoria.
En Venecia encontré una heladería que vende helado de dulce de leche. No será la cigale, pero es dulce de leche. Afuera hay unos banquitos rojos en un campo, aunque los venecianos llaman “campo” a todo lo que yo llamaría “placita”. A donde fueres has lo que vieres, así que me senté en el banquito del campo con mi helado de dulce de leche a leer un libro en italiano. Sofía se viste siempre de negro. Me ensucié la boca y las manos y la ropa y el libro. Soy una niña otra vez.

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