Los millennials tenemos formas de comunicarnos que ni mi abuela la que usa un iPad entendería, pero lo voy a intentar: 

hay una cosa que se llama Airdrop que es para mandar cosas de un dispositivo a otro, y lo único que necesitás es estar conectado al mismo wifi. Si tenés Airdrop activado, tu nombre le aparece a cualquier persona que esté conectado a la misma red que vos. 

Hace un rato me llegó la solicitud para aceptar un archivo, proveniente de un dispositivo cuyo dueño dio a llamar “iPhone white”. Me pareció gracioso que alguien que no sé quién es pero que está sentado en algún lugar cerca de mí me mandara algo, así que acepté. Antes de que llegara el archivo que me estaba mandando, empecé a mirar a mi alrededor a ver si lograba identificar a mi interlocutor misterioso. No era tarea sencilla, pero en mi mente decidí que era un pibe lindo que estaba sentado tres mesas más allá, lo miré rato, lo vi con su celular en la mano, lo vi escribiendo, lo vi reírse mientras abría una botella de coca. 

El archivo era una foto de una escena de una película de Dolan que se llama “Los amores imaginarios”.

Decidí seguir la conversación con otra imagen de una escena de otra película que me gusta. Y él me respondió con otra más, y después yo con otra, y así sucesivamente. 

No sé quién es, y tampoco quiero saber. 

Después de un rato largo me despedí con una imagen de fondo blanco en la que le escribí que fue muy divertido jugar con él/ella, y él/ella me respondió a eso con un gif meme. 

What a time to be alive!

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