Hace una semana llegué a lo de mis abuelos sin avisar. Los dos se asomaron a ver qué era el auto que había llegado. Y era yo, y los vi, cada uno en su ventana y pensé que qué imagen tan linda y saqué esta foto. Mi abuelo puso la primera casa de revelado en Tacuarembó en andá a saber qué año. Todavía era sólo en blanco y negro así que él revelaba y mi abuela pintaba las fotos con colores. Ayer me acordé de que hace más o menos un mes invité a mi abuelo a dar una vuelta en auto por el lago nuevo del balneario. En algún momento, allá arriba, por el Parque Oribe, desde donde se ve todo lo el lago yo paré el auto y saqué una foto del paisaje y después le saqué una foto a mi abuelo. Le pedí que pose, que hiciera como si tomara un mate. “Estoy viejo, chinita” y yo le dije estás divino, abuelo. Me dijo vos estás preciosa y me sacó una foto él. Me dijo que no sabía si había enfocado bien porque no veía mucho. El rollo todavía está adentro de la cámara y nunca tuve un miedo tan grande de que una foto no haya salido.
Mi abuelo no va a estar más en su ventana. Pero está en todo lados.
No puedo dejar de hablar de vos, abuelo, como cuando estás recién enamorada. Una historia atrás de otra, estoy llena de historias, llena. Te amo siempre y voy a contarle a todo el mundo lo que fuiste. Abuelo bueno, dulce, tierno. Te amo siempre y qué felicidad haberte dado el último abrazo. Capaz vos no te diste cuenta, ya estabas en otro lado, pero yo no me olvido nunca más. No estoy triste, abuelo, vos tranquilo.

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