Tengo una amiga que tiene la teoría de que las ciudades inmediatamente te adoptan o te escupen. Ella vivió en varias así que fue aprendiendo cómo es que se siente eso. Yo me mudé a Venecia hace exactamente 48 horas.
Para explicar cómo es que me doy cuenta de que Venecia me quiere acá tengo que empezar hablando un poco de mí: mi cosa preferida en el mundo es el papel. Los libros, los cuadernos, las agendas, las revistas. Después de haber terminado de cursar mi carrera, me especialicé en Diseño Editorial e Ilustración, por amor.
Recién llegué sin saber muy bien a dónde estaba llegando, a la biblioteca de la universidad de Venecia. Había música y gente tomando cerveza, vino blanco y la bebida veneciana por excelencia: aperol spritz. Primero lo primero, porque prioridades, me compré un spritz para mí. Y después me acerqué a las mesas en donde se aglomeraba la gente. El evento -al que caí sin querer-es la presentación del primer número de una revista de estudiantes que engloba proyectos de distintas carreras como arquitectura y diseño.
Después de 7 años viviendo en Alemania, es un poco raro vivir en un lugar en donde la gente se acerca y te habla. Me había olvidado de mi cuaderno así que pedí prestada una lapicera y agarré un papel y empecé a escribir atrás todo esto que ahora estoy escribiendo acá, y uno que estaba por ahí me preguntó qué escribía. Le conté, charlamos, se llama Bruno, estudió lo mismo que yo, me regaló un pedazo de pizza fría pero rica y creo que ya tengo un amigo.
Venecia me abre los brazos y yo me agarro fuerte.

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