Hoy hace un año de mi último abrazo, y digo mío porque vos ya no estabas, y seguro me dirías chinita, qué abrazás ese cuerpo viejo y frío y muerto…y yo lloraría y te diría que es el cuerpo que cargó contigo 72 años, que es la piel finita que siempre me gustó pellizcar, que son las manos que tanto me acariciaron, los brazos que más y mejor me abrazaron, que es el cuerpo que me cuidó siempre que necesité ser cuidada. Hoy hace un año desde que estás muerto. Me gusta decirlo así, como es, sin vueltas, porque los días en que me olvido de que ya no estás y me dan ganas de abrazarte son los que más me duelen. Pero dentro de mí, abuelo, estás vivo para siempre, te llevo conmigo cada segundo, en mis recuerdos, en mi corazón, en cada vez que puedo contarle a alguien lo mágico que fuiste, los juegos, los consejos, los paseos, las charlas eternas, las enseñanzas, y repito, los abrazos, tus abrazos llenos de amor. El orgullo infinito que me da haber sido tu nieta. SER tu nieta. Siempre, chimpita, siempre.

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