Al lado de la casa del balneario en donde viven mis abuelos, antes vivía Martínez. No sé quién es Martínez, no sé cómo se ve, no sé a qué se dedica ni sé qué edad tiene. Al lado de la excasa de Martínez viven mis abuelos. El portón de entrada al frente es verde y se abre de arriba y de abajo con dos piripichos que cuesta poner y sacar, por eso me gusta que me esperen con el portón abierto.
Entrando estaba el árbol/planta de Santa Rita que mi abuelo podó cuando años después remodeló la casaa él solo con sus manos y las manos de su amigo Luis.
Pasando la Santa Rita había una hamaca. La hamaca era verde, verde agua pero más oscuro, un verde que no puedo en realidad describir, pero que recuerdo -o creo recordar- con una exactitud que me sorprende. Me sorprende porque hasta me acuerdo de las partes de la madera ya vieja, estaba como “pelando” y ya no era verde. Las cadenas que colgaban la hamaca eran gruesas y un poco incómodas de agarrar. Me acuerdo de mis manos chicas, chiquititas, descansando de tanto en tanto porque un poquito me dolía.
Mi abuelo me hamacaba fuerte y me decía en cada empujón “te tiro para lo de Martínez”.

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