Por primera vez escuché las olas del Río de la Plata. Un pibe lindo me llevó a una parte linda de la rambla de Montevideo. Yo le dije que nunca había pasado del murito para allá y él me invitó a bajar. Había una escalera y había rocas. Llovía un poquito y yo cerré los ojos y pensé que qué linda que es Montevideo, y que qué lindas las olas.

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